Según el Diccionario crítico del diseño de Juan Guillermo Tejeda el diseño vernáculo es lo que está en la calle, lo que la gente emite por necesidad y sin pensar en autorías individuales o en estilos prestigiados.Siempre cambiante, aunque a primera vista se vea poco significativo, es capaz de definir la sociedad en que vivimos. Innumerables y leves piezas de diseño como una anotación hecha con bolígrafo, un email, unas rayas con spray sobre una valla publicitaria, las etiquetas con las que nos devuelven el equipaje después de viajar en avión, el billete del autobús, las cajas de cartón del supermercado, la bolsa de plástico con el logotipo de la pequeña tienda de barrio, la etiqueta interior de una camisa recién comprada...
Pero lo vernáculo es más complejo que todo eso. Se trata finalmente de una voluntad de forma no profesional, de un tipo de diseño que desconoce las estructuras de la profesión o la arrogancia de ciertas zonas, y que prefiere operar con costes bajos, tecnologías caseras y un trato personalizado.
El diseño vernáculo aparece voluntaria o involuntariamente en múltiples actos cotidianos cuya resultado es una nueva forma: poner la mesa, peinarse, hacer la cama, apagar las luces en una fiesta, comprarse zapatos, cortar la hierba, preparar una ensalada, ordenar el refrigerador...
Según Norman Potter: todo ser humano es un diseñador; algunos incluso se ganan la vida con el diseño.
(*foto tomada con teléfono móvil)
(textos extraidos de Diccionario crítico del diseño, Juan Guillermo Tejeda, Paidós 2006)

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